Artículo incompleto pre-electoral que escribí en 2004
Últimamente no he tenido más remedio que acordarme, continuamente, del Gran Hermano; no del que nos venden en la televisión, sino del que George Orwell creó para '1984'.
Cuando lees '1984' te parece todo un mundo irreal en el que ocurren injusticias continuas, existe censura, la historia cambia por momentos y todo está gobernado por una abstracta figura, el Gran Hermano y sus Ministerios cuyos nombres indican todo lo contrario de lo que hacen. Poco a poco, tras haberlo leído te das cuenta de que es extrañamente parecido al mundo occidental en el que vivimos, es como si vivieramos en un '1984' tapado por una especie de velo que este libro desvela.
¿Qué español es capaz de no ver u oír a algún político estos días de campaña electoral? Televisión, radio, carteles en farolas y pancartas... ¿No es acaso ese tipo de control el que representa Gran Hermano?, una presencia continua que nos gobierna. A esto me refiero con mi recuerdo continuo del Gran Hermano, no veo más que al mismo personaje, a veces con la cara de uno, otras con la cara de otro, sobre fondo rojo o azul, pero siempre el mismo, el Gran Hermano. El día 14 de Marzo elegiremos la cara que tendrá nuestro gobernante durante los próximos 4 años, solamente si tiene barba, o no. A día de hoy no existe suficiente ideología en ningún partido mayoritario como para que se diferencien mucho más.
Pero no quiero que se me malinterprete, la democracia no es mala, la democracia es el gobierno del pueblo, eso es bueno, que el pueblo pueda decidir sobre las cosas que afectan a la comunidad en la que habita, que el pueblo pueda decidir 365 días al año, no un día cada 4 años y muy poco, ahí está el problema, que en nuestras democracias, en un día elegimos al que va a decidir por nosotros durante mucho tiempo, y ni siquiera decimos lo que va a hacer, así que es como si no eligiéramos nada. Y lo peor son las mayorías absolutas (o casi), ya que en todo el congreso solo existe una opinión, los representantes de 40 millones de personas se reducen a una única alternativa posible, y aun así seguimos pensando que cuando un partido tiene mucho poder, hay que votar al segundo partido con más poder para que le derrote y nos gobierne del mismo modo hasta que nos cansemos de él. Somos nosotros los que estamos eligiendo quién domina nuestros organos de gobierno. Al menos nos podíamos fijar en que existen otros partidos, que representan otras muchas opiniones. Si en vez de haber dos partidos en el Congreso, hubiera 20 o incluso 200, estarían obligados a llegar a acuerdos en los que importaran mucho más las opiniones de diversas ideologías, pero claro, esto es algo que la ley difícilmente permite.